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Filariosos o gusano del corazon en perros

FILARIOSIS (GUSANO DEL CORAZÓN)
La filariosis es una enfermedad cardiopulmonar producida por un parásito llamado dirofilaria immitis, que afecta principalmente al perro, pero que también puede afectar al gato. Este parásito, es un gusano de color blanco, que puede medir más de 30 cm de longitud cuando es adulto, produciendo alteraciones en pulmones y corazón principalmente, pero también en hígado, riñón, piel, bazo, ojo y cerebro. Generalmente el curso de la enfermedad es crónico, pero en infecciones masivas y animales jóvenes puede presentarse de forma rápida y mortal.

Ciclo biológico
El gusano del corazón es transmitido de un animal a otro por medio de mosquitos. Existen más de setenta especies diferentes de mosquitos capaces de transmitir la enfermedad.
Los mosquitos, al picar a un perro enfermo de filarias, ingieren las microfilarias que son las formas larvarias de los gusanos y que se encuentran en la sangre circulante. Dentro del mosquito se produce la maduración del gusano (de 8 a 14 días según la temperatura ambiental). Al picar de nuevo a otro animal le transmiten el parásito que penetra a travesando la piel y que gracias a su gran movilidad emigra hacía diversos órgano antes de su asentamiento definitivo en la arteria pulmonar y corazón. Una vez ahí, los parásitos crecen hasta alcanzar la madurez sexual llegando a medir 30 cm de longitud. Este periodo dura unos tres meses. Las hembras adultas de filarias, son fertilizadas por los machos, liberando microfilarias (larvas) a la sangre, preparadas de nuevo para poder ser ingeridas por otro mosquito y transmitirse a otro animal.
Por lo tanto es importante recordar que no existe el contagio directo de un perro a otro sino que siempre es necesario la ayuda de un vector que es el mosquito.

Es muy poco frecuente que los perros menores de un año de edad alberguen gusanos adultos, pero sí es posible la microfilaremia (gusanos pequeños sin madurar) si la madre estaba infectada. Durante la gestación las microfilarias pueden pasar por vía placentaria a los fetos, lo que convierte al cachorro en un posible transmisor de la enfermedad. Es el único caso de contagio directo.

La población canina de mayor riesgo es la sometida a constantes contactos con el mosquito vector: los perros de áreas rurales, los que viven en jardín, los de caza, pastoreo, competición y los que son trasladados a lugares donde hay más cantidad de mosquitos trasmisores, aún cuando los desplazamientos sean de corta duración.

Loa mosquitos trasmisores requieren un ambiente húmedo para el desarrollo de los gusanos y temperaturas medias superiores a los 14ºC para completar el ciclo biológico. El viento y la intensidad de la luz son factores importantes en la dispersión de los vectores y consecuentemente, en la filariosis.

Distribución geográfica
La filariosis es más frecuente en casi todas las zonas templadas y cálidas del mundo, pero el parásito se está adaptando a zonas de clima continental, en las que su transmisión se limita a las estaciones más cálidas. Los mosquitos necesitan zonas encharcadas para el desarrollo de los gusanos en su interior, por lo que es más frecuente en cuencas de ríos, zonas de abundante vegetación, cultivos de regadío, etc. En España las zonas más afectadas son Canarias (25-50%), suroeste del país, cuenca del Ebro (Delta del Ebro 35%) y sur de comunidad valenciana; pudiendo darse en cualquier zona de la península en las épocas de más humedad y temperatura.

Síntomas clínicos
Muchos perros no presentan síntomas o los presentan tan discretos que pasan desapercibidos. Los más frecuentes derivados de la infestación de filaria son: tos, dificultad al respirar y menor tolerancia al ejercicio y taquicardia.
A medida que la enfermedad se agrava pueden aparecer desmayos, hemorragias nasales, pérdida de peso aún con un buen apetito, enfermedad tromboembólica y muerte del animal.
En la analítica de sangre podemos encontrar anemia y problemas de coagulación, problemas renales y transaminasas hepáticas elevadas.
En las radiografías también se pueden ver signos de la enfermedad.

Diagnóstico
El diagnóstico de filariosis se realiza mediante análisis de sangre identificando el gusano.
La detección de microfilarias (gusanos pequeños) se realizan observándolos directamente con el microscopio.
Los gusanos adultos se detectan mediante un simple análisis de sangre muy rápido usando un test especial para ello. Es muy importante siempre combinar técnicas de detección tanto para microfilarias como para filarias adultas.
Además es necesario realizar un tes después del tratamiento para ver si ha sido efectivo.

Tratamiento
El tratamiento de la filariosis va encaminado a eliminar tanto los parásitos adultos como las formas larvarias.
Primero hay que tratar los gusanos pequeños (larvas o microfilarias) y después los gusanos grandes presentes en el corazón.
Siempre será necesario un análisis de sangre de los diferentes órganos del animal (sobre todo hígado y riñón), así como un estudio del corazón, ya que el tratamiento es muy potente y el animal debe estar en perfectas condiciones.

PREVENCIÓN
Lo verdaderamente importante de esta enfermedad es la prevención. Un diagnóstico precoz de la enfermedad permitirá a su veterinario tratar a su perro con mayor facilidad y menor riesgo, ya que si existen solamente gusanos pequeños (larvas) habrá menos daños internos por lo que el paciente el estará en perfectas condiciones para soportar el tratamiento precoz.
Además, si su perro está libre de la enfermedad existen varios tratamientos preventivos que se pueden adaptar a las necesidades de cada uno y también de cada propietario y así poder evitar que pueda ser contagiado.
Hoy en día existen en el mercado diferentes productos tanto en comprimidos como en pipetas que se aplican en piel, que hacen fácil y posible esta prevención.
Los comprimidos (que vienen preparados para la ingesta fácil mezclado con carne) se tiene que dar mensualmente, sin hacer ningún descanso durante el año en animales que están en zonas de riesgo.
Las pipetas contienen el fármaco permitiendo su absorción a través de la piel, siendo necesaria una dosis mensual.

Para propietarios más cómodos u olvidadizos y para aquellos que poseen varios animales, existe la posibilidad de dar un tratamiento preventivo inyectable que tiene una duración de un año.

Y recuerde: ¡MÁS VALE PREVENIR QUE CURAR!

Bibliografía
M. Cordero del Campillo, F.F. Rojo Vázquez y col: "Parasitología Veterinaria" 1999; capítulo 36; pág 679-693

 

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